PRENSA Y FERIAS

Prensa
Crítica sobre la exposición en el Museo Provincial de Neuquén
Diario Río Negro; General Roca (4.08.2001)

Sueños Agradables
Con exquisita sensibilidad, las acuarelas de Irene Luedicke se lucen en la Emilio Saraco

Si uno pudiera elegir la escenografía para los sueños, en 4 de los 7 días de la semana reincidiría en las acuarelas de la artista Irene Luedicke para ambientar la función de la noche en suerte.

Hay circunstancias que promueven ese deseo.
Sus acuarelas son más fáciles de apreciar como “sensaciones”. Y si hay algo de lo que podamos presumir mientras soñamos es, precisamente, de sensaciones.

En seguida, esas percepciones nos permiten determinar si lo vivido en el sueño fue bueno o malo. Si se trató de una pesadilla o de una almibarada aventura de la que no queríamos despertar. Bueno, la obra de Luedicke se asemeja bastante a esa ficción-realidad que es la experiencia onírica. Pero vivida con la certeza de que todo, siempre, va a estar irrevocablemente bien. No habrá lugares para una pesadilla. Y ningún despertador sonará justo en ese momento, provocando las conjeturas de un final precipitado, y seguido de mil maldiciones. No.

Es fácil sentirse así de bien, cuando desde una pared, en formato de cuadros, cuelgan hipótesis sobre cómo será una caída de sol en la tierra con los colores de Marte. O cuando dunas patagónicas pinceladas sin escatimar sensibilidad, estallan de dorado para llenar de luz un salón. Así también es lógico que, para cuando aparezcan palmeras multicolores, coherentes a fuerza de irrealidad, se esté entregado. En fin, una sucesión de fantásticos escenarios. De lo que no vivimos, de lo que queremos vivir. Caracterizados por algo difícil de definir a primera vista. Que tiene que ver con un sentido más profundo, y que es el denominador común de todas las acuarelas de la muestra.

La frase más sincera para ilustrar lo que se siente es: Quiero estar dentro de ese cuadro.
A pesar de tratarse de trazos tan identificables como los de la naturaleza, la sensación más fuerte que causan los cuadros, es la de la espontaneidad y de la experimentación. “Las acuarelas son así –dice Luedicke-; se trata de ideas que toman diversas formas. Para mí es un juego. Una invitación a ver qué pasa. Hay que estar muy atento. A veces se arranca con una idea preestablecida, y luego te dejas llevar y terminas haciendo casi lo que los colores quieren. Eso es lo que provoca la humedad del papel con que se trabaja en acuarelas. Con los colores puede pasar de todo.” Hace más de 20 años que Luedicke expone en lugares tan variados como Alemania, Estados Unidos, Chile y Uruguay. Además de artista plástica es arquitecta. “Son dos facetas que se alimentan una de la otra”, dice Irene, en referencia al complemento entre el arte y su profesión; “de algún modo la arquitectura también es arte. Lo más valioso que me aportó es la noción del espacio. Ese es un concepto que se repite en cualquier rama de la plástica. También sucede que, cuando trabajo de arquitecta, me apoyo en el arte, en rubros como el paisajismo.”

Ese tipo de influencia recíproca se ve en su muestra neuquina. La naturaleza y las profundidades que logra la artista con un material que por momentos es tan líquido como el agua, da muestras de un conocimiento cabal de las formas, y de un dominio depurado de la acuarela.

Según Luedicke sus cuadros son un pretexto para poner en práctica la “intención de comunicación”, que subyace y adquiere un sentido hondo y amplio, casi espiritual, en toda su obra. “Para mí es tan importante comunicar lo que siento, como ver lo que sienten los demás. De ese tipo de interacción se trata. No solo como forma de expresión, como posibilidad de decir algo. El arte ayuda a la gente a canalizar y experimentar sensaciones. Eso también es comunicación” dice.

Hasta el 8 de agosto, el tipo de sensibilidades a que Irene se refiere, podrán buscarse en la sala Emilio Saraco.