PRENSA Y FERIAS

Prensa
Agenda: El idioma de las flores

“Pintar a la acuarela requiere de experiencia en el manejo de las formas y el color, pero se pueden lograr efectos magníficos”, explica Irene Luedicke. Una infancia en el seno de una familia de artistas hizo que tras diez años de dedicarse a la arquitectura, se lanzara de lleno a su auténtica pasión. De hecho, fue un abuelo -¡diseñador gráfico!- el que la inició en esta maravillosa técnica, que viene perfeccionando desde hace ya treinta y cinco años.

– La acuarela parece una técnica muy difícil de dominar, ¿se llega a desempeñar con maestría?
– Es pintura al agua sobre papel, por lo que siempre se va a poder ver a través de las sucesivas capas de colores, y es esta característica que la torna difícil… pero los resultados son magníficos. A su vez, como es rápida, es necesario desarrollar una capacidad de toma de decisiones instantánea, para poder modificar la idea inicial cuando suceden los inevitables accidentes.

– ¿Cómo es en general, aquél que se fascina con esta técnica?
– He tenido todo tipo de alumnos: los extremadamente impulsivos y talentosos, que suelen hacer algunos trabajos maravillosos, pero arruinan otros tantos hasta que finalmente logran domar un poco su carácter. O los muy tranquilos, que de repente sorprenden con un gran salto. A los emocionales les encanta, porque con la acuarela se expresan con plenitud. También a los muy creativos, cuando descubren cómo manejar los imprevistos y errores. A los muy estructurados se les mueve el piso, pero después están fascinados. Muchas veces los hago trabajar sobre un fondo muy húmedo, para que se les escapen los colores. ¡Parece una maldad, pero después no pueden creer lo bien que se sienten!

– ¿Y los niños, cómo se llevan con la acuarela?
– Son los que más rápido se enganchan. Una vez di una clase abierta en un jardín de infantes, y la maestra no podía creerlo: ninguno quería salir al recreo.

– Tras años de dedicarte y enseñar, ¿qué aprendiste de la acuarela?
– Que la perseverancia es fundamental. Es un medio tan imprevisible que de alguna manera te educa para manejarte en situaciones imprevistas.
La artista dicta clases personalizadas.